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  • Profesor Adolfo Resnik

Hipertensión y Ejercicio Físico:


La hipertensión es un síndrome multifactorial y multicausal caracterizado por niveles de presión arterial alta (PA), generalmente asociados con trastornos metabólicos, hormonales y estructurales. La hipertensión leve se define como un nivel de PA de 140–159 mmHg sistólica y / o de 90–99 mmHg diastólica. Esta afección aumenta el riesgo de eventos vasculares, como enfermedad coronaria, derrame cerebral, insuficiencia cardíaca, enfermedad arterial periférica, enfermedad renal crónica y demencia. Aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo se ven afectadas por la hipertensión, y estas cifras aumentan con el tiempo.


Los individuos hipertensos han disminuido el flujo sanguíneo y la conductancia vascular en reposo, lo que reduce su reserva vasodilatadora, con la consecuente alteración de las respuestas vasodilatadoras. La disfunción endotelial relacionada con la edad, la remodelación vascular y el aumento de la rigidez arterial contribuyen al aumento de la prevalencia de hipertensión en los ancianos. El tratamiento de la hipertensión arterial sistémica incluye terapia farmacológica y cambios en el estilo de vida, como la reeducación con respecto a los hábitos nutricionales. Concomitantemente, es evidente en la literatura que el ejercicio físico regular puede prevenir estos cambios indeseables.


La capacidad de ejercicio para reducir la PA está bien establecida. Se han realizado varios estudios para dilucidar la relación entre el tipo de ejercicio y la magnitud de la respuesta hipotensiva después del ejercicio. Aunque sin consenso, la mayoría de los estudios muestran que el ejercicio aeróbico promueve mayores reducciones de la PA en comparación con el ejercicio de fuerza.

Se recomienda el ejercicio aeróbico como una forma de control de la PA.

Uno de los posibles mecanismos de esta reducción sería una mejora en la respuesta vasodilatadora a una exposición más prolongada al ejercicio aeróbico. Sin embargo, estudios recientes indican que, según la metodología utilizada, el efecto hipotensor del ejercicio de fuerza puede ser en la misma proporción que el ejercicio aeróbico.


Varias agencias tienen procedimientos que guían la prescripción de ejercicio para los ancianos. En estos documentos, se presta mucha atención a la seguridad cardiovascular y osteoarticular, en particular con respecto a la intensidad del entrenamiento. El Colegio Americano de Deportes y Medicina sugiere que el ejercicio de resistencia debe prescribirse con cargas moderadas (60% de una repetición máxima) para pacientes hipertensos. La American Heart Association ha propuesto que los adultos mayores sanos puedan realizar ejercicios a intensidades superiores al 60% una repetición máxima. Además, los pacientes cardíacos, independientemente de su edad, podrían realizar ejercicios a intensidades más bajas. Sin embargo, no se considera el mejor volumen de ejercicio de prescripción para promover la hipotensión post ejercicio en los ancianos. Esto es importante ya que las respuestas cardiovasculares en series múltiples pueden ser más altas que en series únicas.


Aunque la investigación llevada a cabo hasta ahora ha investigado los efectos del ejercicio de fuerza en la presión arterial, existen vacíos obvios con respecto a la mejor prescripción del ejercicio de fuerza, principalmente en relación con la población involucrada y qué mecanismos participan en las respuestas posteriores al ejercicio, debido a la diversidad y variaciones en los protocolos de investigación con respecto a la intensidad, el número de series, los intervalos y el método de medición de la PA.


Hasta la fecha, pocos estudios han evaluado los efectos hemodinámicos del entrenamiento de fuerza con respecto a la función vasodilatadora y la hipotensión post-ejercicio en personas mayores hipertensas. De estos, solo uno ha investigado los efectos de diferentes volúmenes de entrenamiento en la hipotensión posterior al ejercicio. Sin embargo, en ese estudio, sólo BP fue utilizado como un parámetro hemodinámico. Además, el protocolo utilizado estaba compuesto por solo cuatro ejercicios, lo que reduce la validez externa del estudio, ya que en el contexto práctico tiende a usar más variedad y cantidad de ejercicios. Por lo tanto, la investigación de los mecanismos por los cuales diferentes volúmenes de ejercicio afectan la respuesta de la PA en el paciente anciano hipertensos sigue siendo una brecha pertinente y relevante en la investigación.


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